Un día, una se levanta por la mañana y se siente rara. Lo primero que se pregunta es si todo va bien. La respuesta automática viene a mi mente: sí, todo va bien (una tiene que ser optimista, o por lo menos intentarlo). Pero me siento rara. Y dedico los primeros 20 minutos del día a intentar analizar todos y cada uno de los problemas/preocupaciones/hechos importantes que me han ocurrido en la semana para ver si descubro dónde está el responsable de que hoy me sienta rara. Son las siete y media de la mañana, sábado. Tras esos veinte minutos de reflexión, vuelvo a abrir los ojos. Las diez y veinte. Definitivamente, no tengo ningún problema que me haga sentir rara (y mucho menos que me quite el sueño, aunque esa es otra historia…). Cojo mi ordenador y recuerdo, no sé por qué, que yo tenía un blog. Quizás porque me sentía con ganas de escribir, aunque no tenía nada que contar. Abro mi blog y encuentro un comentario del 28 de octubre a mi último post (de principios de junio). Decía algo así como que era una pena que estuviera ocupada y no escribiera porque le gustaba leer mi blog. Y me ha convencido. Y en ese mismo momento he entendido por qué me sentía rara.
Como veréis, para según que cosas no es muy difícil convencerme. Y hoy sentía la necesidad de refugiarme en un sitio seguro, en un sitio donde pudiera ser yo misma y decir lo que pienso sin tener que medir las palabras ni los argumentos. Y aquí estoy. Y me siento rara porque empiezo a echar de menos mis referentes. Desde la última vez que escribí en el blog han pasado muchas cosas. Me he mudado de ciudad, trabajo en un sitio nuevo (aunque con los mismos compañeros), envié mi artículo a publicar, me volvió la revisión, lo volvimos a enviar, estuve de vacaciones en España, volví de España… casa nueva, ciudad nueva, amigos nuevos, añoranza de lo que era mi vida durante esta año y medio pasado, y sobre todo, en este momento, añoranza de encontrarme a mí misma. Las vacaciones del verano no fueron suficientes. Entre el tour por Estados Unidos, el viaje a Japón, y el trabajo, mi mes de vacaciones se convirtió en 3 escasos días de desconexión. Así que ahora añoro mis referentes. Mi casa, mi familia, mis amigos, los bares de mi pueblo, las playas donde suelo ir… Levantarme y oir a los hijos de mis vecinos peleándose entre ellos. Salir a la calle y montarme en mi coche, tomar un café con mis amigos de siempre. La sobremesa en mi casa… Por eso hoy me sentía rara, y por eso hoy me acordé del blog.
Es cierto que en estos meses apenas he parado, pero también es cierto que no he sentido la necesidad de escribir. Pero he vuelto, por lo menos por ahora…