Me han metido prisa. No lo había olvidado, pero esperaba tener un hueco para poder “rebuscar” dentro de mi y encontrar algunas cosas entretenidas que incluir en mi lista de “25 cosas”. Como no ha sido así, entre otros motivos porque últimamente lo que menos tengo es tiempo para mi, voy a terminar con el encargo, espero que de la mejor manera posible.
9. No me gustan los sobresaltos en mi vida diaria. Necesito tener las cosas controladas, ser yo quien maneja el barco, y no dejar muchos huecos a la sorpresa e improvisación. Por eso, cuando ocurren cosas que se me escapan de las manos, que yo no puedo controlar y que dan lugar a una situación inesperada, pierdo los referentes, me pongo nerviosa, y normalmente necesito hacer un par de llamadas y desahogarme un rato, antes de coger aire y enfrentar lo que toca. Y es curioso porque esta necesidad va en aumento conforme cumplo años…
10. Suelo preocuparme demasiado por el futuro por venir. No solamente me preocupo de los problemas que tengo delante de mis narices, sino que me preocupo por los problemas que podrían aparecer si se dieran determinadas circunstancias en un futuro no muy lejano (complicadita que es la niña…). Y dejo claro que no es porque estoy aburrida…
11. Me encanta el fútbol. Y soy del Madrid. Y no admito ni comentarios, ni opiniones al respecto, ok? :)
12. Una de mis mayores ilusiones actualmente es tener mi propia casa cuando vuelva a España. Cerca de la playa. Pasar los inviernos cerca del mar…
13. Es mi número preferido. El 13. Nací en martes y trece y durante años en el colegio y en el instituto fui la número 13 de la lista. Ese y el 1 son mis números favoritos.
14. Una de las cosas que aparecen en mi lista de “pendientes” es aprender alemán. Siempre he querido estudiar otro idioma además del inglés. En el instituto dí algunas clases de francés, pero no recuerdo absolutamente nada, y por lo poco que estudié, no es un idioma que me atraiga. Aprovechando que tenemos en el laboratorio dos alemanes, que hablan entre ellos alemán (y de lo único que me entero es de los anglicismos que meten por medio de la conversación), voy a subir esta tarea a una de las primeras de mi lista de cosas por hacer. De hecho, Internet “me ha regalado” un curso completo de audio y texto que parece ser bastante completo (al que me pinche en los anuncios se lo paso :p) y que pienso empezar a utilizar en breve.
15. Mañana vuelvo a New Haven a firmar el contrato de mi piso. Resulta que el casero (al que había visto 10 escasos minutos) me llamó por teléfono para terminar de concretar el alquiler y me dijo que le enviara un cheque por valor del depósito de la casa y que él me enviaría por fax el contrato para que lo firmara. Igual yo soy más desconfiada que nadie, pero no envío un cheque a una persona que no conozco de nada y que para colmo me da como dirección de envío un apartado de correos. No. Así que mañana me voy en tren tempranito, vuelvo a visitar el piso y compruebo que no tiene desperfectos, mido las dimensiones para ver qué muebles me llevo y cuáles vendo, y firmo el contrato de alquiler. Entonces le daré el cheque del depósito. Cero ganas de volver, pero no hay más remedio.
16. Esto está empezando a aburrirme..
17-24. Resumo en una frase los pensamientos 17 a 24: quiero VACACIONES YA.
25. Y para la última, dejo la frase que siempre intento repetirme cada vez que algo va mal, cada vez que las cosas no salen como quisiera:
Al final, al final de todo, siempre ganan los buenos.
Sábado 22 de mayo. 5 de la madrugada. Suena el despertador de mi móvil y me falta un suspiro para cogerlo y tirarlo por la ventana. Entre sueños recuerdo que hoy tengo un día muuuuy largo por delante. Me visto con la ropa que la noche antes había dejado perfectamente colocada en una silla del salón (para no perder minutos de sueño decidiendo qué me pongo), me lavo la cara y los dientes y cojo el bolso que también había dejado listo el día de antes. En el ipod touch un mapa de New Haven, y en el netbook otro, por si las moscas. Cojo el metro, llego a la South Station y me compro un zumo de naranja mientras espero a las 6:40, hora de salida de mi tren a New Haven. El viaje se me hace muy corto, mitad dormida, mitad escuchando música. A las 9:20 de la mañana he llegado a mi destino, salgo de la estación y me dirijo andando (craso error) hasta mi primera cita del día para ver pisos. Había concertado varias visitas con diferentes personas, casi todas en East Rock, la zona más segura de New Haven y donde viven la mayoría de postdocs de Yale. Después de 40 minutos andando me doy cuenta de que aún me queda bastante para llegar al punto de encuentro con la señora de la agencia inmobiliaria. Me llama cuando es la hora acordada, le digo que voy en camino y no me pone pegas. Bueno, después de todo no ha empezado tan mal la mañana.
Cuando llego al edificio donde habíamos quedado, me encuentro con una señora de 83 años (yo a primera vista pensé que era mayor, pero ella misma me confirmó su edad…). Se me presenta como la agente con la que había hablado (yo con la boca abierta… “esta señora no se piensa jubilar????? Es legal que esta señora siga trabajando????”). Mientras pienso todo esto entramos en el edificio, un bloque de pisos con zonas comunes bastante regulares en cuanto a limpieza y cuidados. Tengo que ayudar a la señora a subir los escalones porque le cuesta. Llegamos al piso en cuestión, un primero. La descripción del anuncio (traducido literalmente: “Maravilloso apartamento de una habitación en edificio vigilado en East Rock. 975 dolares al mes con calefaccion y agua caliente incluidas. Apartamento amplio y bien iluminado, de suelos de parqué”) no hablaba de las zonas comunes, y en el preciso momento en que entro por la puerta del edificio entiendo por qué. Me dice la señora que en el apartamento vive una señora china con su hija y su nieta, que se van en julio y que no me fije en la disposición en la que tienen los muebles, sino que me limite a ver el espacio de la casa, porque la casa se alquila sin muebles. Llamamos a la puerta y nos abre una señora. Entramos en la casa. NO ME LO PUEDO CREER. 3 camas de matrimonio en el salón de la casa (que además tiene cocina americana), con una de ellas pegada a los fogones (que tenían una costra de suciedad de dos centímetros por lo menos), cristales de las ventanas rotos, láminas de parqué levantadas, y un olor a comida podrida casi insoportable. De momento aparecen 7 personas asiáticas (3 hombres, una chica de unos 30 años, dos niños pequeños y la señora que nos abrió), y en ese preciso momento le digo a la señora que me quiero ir de allí, que ya he visto el piso. La señora me dice que si no me gusta (¡¡¡¿¿??!!!!). Las siguientes frases no las oigo porque ya estoy en la puerta de salida de la casa.
La señora me pregunta que qué es lo que no me ha gustado del piso (“Señora, se lo tengo que explicar??????”). Le digo que no me ha gustado nada. Me dice que llamará al dueño del piso para denunciar que haya tanta gente en el apartamento porque no es legal. Me dice que tiene otros apartamentos muy buenos en otra calle cercada. Nos montamos en su coche (sí, la señora conduce…) y nos dirigimos a otra calle a ritmo de tortuga. En cierto momento llaman al movil de la señora, que como no ve muy bien se centra en mirar la pantalla del teléfono sin darse cuenta de que el coche se le va hacia la izquierda y viene un coche en sentido contrario (“Esto no me puede estar ocurriendo a mi….”). Le digo a la señora que viene un coche, el conductor nos pita, la señora se pone nerviosa y se le cae el móvil al suelo que sigue sonando y yo tengo que dar un volantazo para no comernos al 4x4… (“Definitivamente, estoy soñando”).
Paramos 5 minutos mas tarde delante de una casa victoriana muy grande. Nos bajamos del coche y la señora saca un montón de llaves de la guantera del coche. Entramos. (“Misma pinta de las zonas comunes, seguro que la casa es igual o peor”). Abrimos la puerta principal y veo que la casa está dividida en múltiples miniapartamentos. Llamamos a la puerta de uno del primer piso y nos abre una chica joven, de unos 25 años. La puerta de entrada de la casa está en el dormitorio, y la cocina y el cuarto de baño un poco más adelante. No tiene salón. La casa es bastante vieja, a pesar de que la señora la había descrito en el anuncio de forma muy diferente. Nos volvemos a ir de allí. Me dice que tiene 5 casas más de ese estilo en la misma calle. Veo con ella dos más y le digo que tengo que irme, que tengo otra cita (“Tengo que huir de esta señora como sea”). Me dice que me lleva en coche hasta su oficina, donde yo había quedado con otra agente de su misma inmobiliaria (tienen pisos diferentes) para enseñarme los apartamentos que ella tenía disponibles de las características que yo previamente le había dicho (lo mismo que había hecho con esta señora, pero parece que no me entendió bien). Me lleva a la oficina y la agente siguiente me lleva en coche a la misma zona (“Oooootra vez para aquí”). Me enseña un par de casas que no me gustan, pero habitables. Las guardo en mi mente por si es lo mejor que veo durante el día. Al volver a la oficina aún está la señora mayor allí, que se ofrece a llevarme en el coche donde había quedado con otro propietario (“Señora, déjeme tranquila!!!!!!”). Insiste tanto que tengo que meterme en el coche con ella (“Esto es una pesadilla… Quiero despertarme, quiero despertarme”). Por el camino me dice que me va a enseñar otro piso estupendo que tiene. Le imploro que no, que no llego a tiempo a mi otro compromiso. Finalmente me deja ir, no sin antes repetirme unas 10 veces que la llame la semana siguiente si no he encontrado nada para alquilar que me guste, que ella tiene las mejores casas en East Rock de todas las inmobiliarias…
Las demás visitas, todas a casas de particulares, no van del todo mal. Las casas me gustan más o menos, pero están limpias y cuidadas. Después de visitar varias, me quedo encantada con la penúltima que veo. Definitivamente me gusta el sitio, me gusta la disposición, me gusta el precio. Hablo con el dueño y parece que estamos en camino de llegar a un acuerdo.
Vuelvo a la estación de tren dando un paseo. Craso error again… una hora andando por calles solitarias (“Hombre, mira por dónde… justamente lo que me dijeron que no hiciera en este pueblo…”). Llego a la estación, consigo cambiar mi billete para volver antes a Boston y me monto en el tren. Respiro tranquila. Creo que he sobrevivido a la búsqueda de piso.
Llego a casa, suelto el ordenador y me voy a cenar con una amiga. Parece que he vuelto a la vida real. Mañana será otro día.
He estado postergando este momento desde hace meses por varios motivos. El primero y fundamental es porque odio buscar piso. No es la primera vez que paso por esto y realmente “it´s a pain”, sobre todo cuando la mayoria de las veces me toca llamar por teléfono y explicar que “soy fulanita de tal, que me mudo de x a y a primeros de julio, que necesito un apartamento con las siguientes características….”. La segunda razón es esta especie de urticaria que aflora cada vez que alguien pronuncia el nombre del bendito pueblo en cuestión… Cualquier movimiento que significara la aceptación de que me mudo ha sido (consciente o inconscientemente) aniquilado por mi misma… Así han ido pasando los meses y ahora me veo casi al límite: o encuentro piso ya, o encuentro piso ya. Aprovechando esta agradable oportunidad que me brinda mi desidia (o huida de la realidad, según se mire), me gustaría comentar algunas cosas importantes y curiosas a la hora de buscar piso en Estados Unidos (o por lo menos en la costa noreste). Como nunca en España he buscado apartamento para alquilar, ni siquiera sé si esto es así allí también, así que, aun a riesgo de estar escribiendo tonterias conocidas por todos, allá voy.
COMPRENSIÓN. Cuando miramos un anuncio de alquiler de un apartamento, lo primero que nos encontramos son una lista de siglas que he de reconocer me tuvieron totalmente descolocada la primera vez que comencé a buscar piso aquí: H+HW (heat and hot water), BD (bedroom), BA (bathroom), FL (floor) HW floor (hardwood floor, o sea, parquet). Para esto los americanos son estupendos: te describen las características del apartmento en menos de una línea (“1BD/1BA apt, H+HW incl, 1st FL, 1050/month”).
PRECIO. Es bastante importante tener en cuenta que alquilar un apartamento en según qué ciudades norteamericanas es bastante caro. Por poner un ejemplo, un apartamento de unos 40 metros cuadrados a media hora andando del centro de Boston puede costar unos 1300 dólares al mes. Por eso hay que fijarse en los anuncios si el agua caliente y la calefacción están incluidas en el precio mensual. Si no lo está, es conveniente saber que en Boston en invierno hace muuuuuuuucho frio, y se usa muuuuuucho la calefacción (desde finales de octubre hasta casi finales de abril).
Y hablando de precio... en algunas ocasiones (ahora lo he visto en muchos de los anuncios que he leido en mi búsqueda de apartamento) te exigen una buena "credit history" (historia de crédito)... Esto significa que debes tener la opción de tener crédito en tu banco (cosa que si eres extranjero no te dan hasta pasado mínimo un año de estancia en este país) y haber sido puntual en tus pagos, y haber mantenido el balance de tu cuenta siempre en positivo (porque sí, las inmobiliarias pueden hacerte un chequeo del credit history en tu banco para decidir si te alquilan o no el piso).
Quién oferta el piso. El alquiler de un piso gestionado por una agencia inmobiliaria cuesta una mensualidad extra en concepto de pago al agente inmobiliario. A veces podemos encontrar que el casero se hace cargo de ese pago (suelen ponerlo en los anuncios). Sea como fuere, si nos ponemos en el peor de los casos tendremos que pagar al comienzo del contrato de alquiler el primer mes, el último mes, un mes de fianza y si corresponde, el mes de pago a la inmobiliaria.
Principalmente tenemos dos tipos de suelos para las casas en esta zona del país: parquet o alfombra que cubre todo el suelo del salón, habitaciones, y en ocasiones incluso el del cuarto de baño (muy calentito en inviernos insoportable en verano, y sobre todo higiénico…). Yo por definición me niego a vivir en una casa con el suelo tapizado (quién y cómo se limpia eso, y quién habrá estado antes pisando ahí, comiendo ahí, y haciendo cualquier cosa ahí…).
La mayoría de los apartamentos no tienen lavadora en casa, suelen tenerla en el sótano del edificio y es común para todos inquilinos. Puede ser gratis u operativa con monedas de 25 centavos (quarters). Esto en el mejor de los casos. A veces el edificio no tiene cuarto de lavadoras, y entonces tienes que resignarte a ir cada x tiempo cargado con bolsas llenas de ropa sucia por la calle a encontrar una lavanderia pública (que con suerte no te pilla muy lejos de casa…) donde lavar tu propia ropa (o dejarla para que te la laven, planchen y doblen).
Creo que podemos incluir “odio buscar piso” como una de mis "25 cosas".
Espero que estéis de acuerdo conmigo en que el lunes es el último día del fin de semana....
Bueno, a lo que iba. Mis 25 cosas se dividirán en varios capítulos (por lo menos dos o tres) para no aburrir. El orden en el cual las enumero es totalmente al azar y básicamente se corresponde con el orden en el que aparecen en mi mente.
1. Me cuesta mucho despertarme por las mañanas, como supongo que a una gran mayoría de personas. Conforme voy haciendome mayor lo cierto es que lo llevo mejor, pero ha habido momentos pasados en los que no había día en el que no me despertara de mal humor. Cuando estudiaba en Granada, recuerdo que el día antes dejaba la ropa preparada en una silla y me despertaba 15 minutos antes de que empezaran las clases (8 de la mañana). Me vestía, llegaba a clase y cogía apuntes como un zombi hasta aproximadamente las 10, hora en la que empezaba a ser persona. Luego haciendo la tesis, mi madre me despertaba por las mañanas y bajaba sin decir palabra, y casi me iba sin decir palabra. Ni por mala educación ni por cabreo, simplemente es que acabada de despertar me cuesta mucho hablar! Recuerdo que a veces dejaba a mi padre en su trabajo antes de yo seguir para el mio, y el pobre (que llevaba despierto aproximadamente hora y media mas que yo), me daba conversación y me hablaba como si fueran las 5 de la tarde... Y yo contestaba con monosílabos o simplemente con un "mmmmm"...
2. Nunca pensé que el choque cultural Estados Unidos-Europa (concretamente España) sería tan grande... Es curioso que hasta me siento mas identificada hablando con compañeros de la India que con americanos!!! Empezando por los horarios de las comidas y por el significado que tiene para ellos (básicamente alimentarse y poco más), por la forma de vestir (algun día dedicaré una entrada a los conjuntos de ropa-zapatos que se ven por aqui...), por la manera de guardar las formas de cara al público, por la falta de naturalidad, por lo independientes que son, por lo complicado que es hacer amigos americanos... (y podría seguir).
3. Cada vez le tengo más respeto a volar (lo cual me viene genial para la situación actual en la que me encuentro...). Cuantas mas veces me monto en un avión, mayor se hace la sensación de que "estoy tentando mucho la suerte". No llega a ser miedo, pero sí es cierto que estoy bastante pendiente de los movimientos del avión, de los mensajes del piloto, etc... Habrá quien diga que esto es porque me estoy haciendo vieja.
4. Si algún día tengo la oportunidad, pondré una tienda. Una tienda de en la que se vendan materiales para costura, punto, ganchillo, bolillos... Con una zona con mesas, estilo cafeteria, donde se puedan dar clases, y las personas interesadas puedan venir a aprender técnicas de bordado. Y conozco a varias personas que estarian encantadas o hubieran estado encantadas de haber podido participar en este proyecto.
5. Tengo una cicatriz de varios puntos en el antebrazo derecho. Me la hice cuando tenía cinco o seis años. Estaba dibujando en una mesa de cristal que habia en mi salón, me levanté del suelo para sentarme en el sofá a ver la tele, me resbalé con alguna bebida que había derramado y fui a poner el codo en la mesa, que automáticamente se rompió y me hice un corte bastante considerable. Muchas veces mi padre me ha contado (tremendamente orgulloso de su niña, jejejej), que cuando entré en urgencias y me fueron a coger los puntos, empecé a llorar porque me empezaron a coser sin anestesia (yo no lo recuerdo, eso me cuenta mi padre), y él me dijo: Marga, las niñas grandes no lloran, eh? Qué va a pensar el médico si te ve llorar... (o algo así). Y Marga cerró la boca, y no lloró más. Diez puntos me cogieron y después de muchos años aún tengo la zona totalmente insensible (aparte de una horrible cicatriz).
6. De todos los sitios que he visitado, sin duda ninguna del que mejor recuerdo guardo es Estocolmo. Estuve viviendo allí durante dos periodos cortos hace unos años. Una experiencia inolvidable, tanto por la ciudad (me pareció una maravilla), como por las personas que conocí. Compañeros de trabajo de toda Europa, con los que conecté desde primer momento y que me hicieron pasar unos meses inolvidables. Hoy mismo pensaba que me gustaría en algún momento volver a la ciudad, para terminar de conocer las partes que me quedaron y para reencontrarme con viejos amigos...
7. Mi hermano y yo tenemos gustos relativamente diferentes en lo que a música se refiere. Digamos que mi hermano tiene gustos musicales "bastante más amplios que yo". Investiga, busca, oye grupos nuevos (o por lo menos nuevos para mi...). Y conoce muy bien mis gustos musicales. Con él me suele pasar una cosa muy curiosa: muchísimas veces me pide que escuche una canción diciéndome que seguro que me gusta. Normalmente tardo bastantes días en escucharla, y cuando por fin lo hago, me doy cuenta de que no me gusta nada en absoluto. Como se ha quedado en mi ordenador, cuando sincronizo el ipod automáticamente se mete en mi aparato y pasa a formar parte de mi vida cotidiana en el trabajo. Pasa el tiempo, y sin saber por qué ni cuando, un día oigo esa canción por enésima vez y me doy cuenta de que me gusta mucho!!! Cuando se lo digo a mi hermano, obviamente él hace semanas que dejó de oirla porque se aburrió de ella...
Seguiría escribiendo un par de cosas más que tengo en mente, pero mis células me llaman, y el deber es el deber. Mientras me voy a la campana, escucho en mi ipod una de esas canciones que aparecieron por casualidad en mi vida...
Por fin un huequito. Llevo un par de semanas que no paro. Después de seis días en Baltimore en un congreso, cuando llegué a principios de semana me encontré con miles de correos por contestar, un montón de experimentos por hacer, muchos megas de resultados por analizar y las prisas de enviar mi articulo cuanto antes. He estado llegando a casa tarde, cansada, y sin ganas de ponerme a escribir, a lo justo para darme una ducha y meterme en la cama. Si a todo esto le unimos que últimamente ando de un espesor mental considerable, el resultado es que llevo casi diez días sin escribir en mi blog. Hoy viernes, mientras caminaba de la parada del bus a casa, pensaba en el tema de mi entrada del blog de hoy. Y como no ha ocurrido nada extraordinario en mi vida en los ultimos diez días, voy a matar dos pájaros de un tiro y voy a utilizar mi blog para responder a un correo que recibí de una amiga hace ya un par de semanas. Era un mensaje masivo en el que me pedía (a mi y a cientos mas), que escribiéramos las 25 cosas sobre nosotros que primero se nos pasaran por la cabeza. Podían ser gustos, aficiones, virtudes, defectos, hechos vividos, etc., y tenía que reenviárselo a ella y a todas las personas que quisiera que me contestaran de la misma forma, hablando sobre ellas mismas. Y ahora que ya lo he contado, creo que lo dejo para otro momento en el que me encuentre mas inspirada. Prometo volver durante el fin de semana.
Una de las cosas buenas que tiene vivir fuera de mi entorno habitual durante un tiempo es la necesidad de crearme otro "entorno habitual transitorio". Sitios nuevos que frecuentar, aficiones nuevas o pasadas con compañeros diferentes, y sobre todo, personas nuevas en tu vida.
Coincidimos por casualidad poco tiempo después de yo llegar a Boston, en una fiesta que se celebraba en mi casa. Desde el primer momento me dio la sensación de conocerlo de toda la vida. Tras una conversación más o menos superflua me dí cuenta de que tenía muchas cosas en común con él. De este encuentro hace más de un año, y en este tiempo hemos podido conocernos mejor y disfrutar de muchos momentos juntos, tanto buenos como malos. A día de hoy puedo decir que creo que es mi amigo. No un compañero de trabajo (compartimos la profesión, pero no el grupo de trabajo), no un compañero de salidas y diversión (aunque también...). Creo que en este año donde hemos compartido la dura tarea de aguantarnos el día a día de cada uno, he conseguido apreciarlo como un amigo de verdad. Hoy mi amigo termina su "kit kat" particular, y posiblemente en este momento ya se encuentre en el aeropuerto camino de casa, de su vida, de su entorno habitual. Me siento feliz de haber sido parte de su vida aqui en Boston, y espero y deseo que aunque no podamos mantener el mismo contacto que hasta ahora, por lo menos sepa de el de vez en cuando, y nos contemos lo bueno y lo malo que nos sucede, y que solemos contar a los amigos.
Mi amigo se acaba de ir, y en mi interior tengo una mezcla de sentimientos. Estoy
feliz por él, porque después de dos años en el exilio vuelve a lo que quiere y con quienes quiere. Pero por momentos, cuando pienso egoístamente, lo cierto es que me pongo triste. Triste porque se va uno de mis dos apoyos fundamentales en este país (cuántas veces me has aguantado mis cabreos, mis problemas, mis preocupaciones...) y uno de mis inseparables a la hora de hacer casi cualquier cosa (comidas, compras, viajes, paseos, conversaciones...) Ahora que mi amigo no está aqui, me asalta la duda que siempre me surge cuando cambio de etapa en la vida: cuánto de ésto perdurará en el tiempo? cuánto tiempo podremos mantener el contacto, la confianza, la amistad? Cuando vuelva a verte, será como ahora?
Querido amigo, no voy a ponerme sentimental (que bastante llevo desde hace unos días...), y menos en público (no va conmigo el montar numeritos, ya lo sabes...): solo quiero decirte un par de frases que no he sido capaz de pronunciar cuando nos hemos despedido (ya sabes por qué): quiero desearte lo mejor para tu nueva andadura, y decirte que te voy a echar mucho de menos (quién me va a acompañar en los futuros terceros grados de la gente que se nos una?). Espero y deseo que guardes de mi el mismo buen recuerdo que yo guardaré de tí. Y no olvides una cosa:
Ayer tuve la oportunidad de asistir a la opera por primera vez en mi vida. Mi amigo tenía pase de temporada y me invitó a ir con él a ver la obra Idomeneo, rey de Creta, de Mozart. Una nueva experiencia para mi (puedo decir que la primera vez que fui a la ópera fue contigo...:) ). Me encantó la historia (Idomeneo el rey de Creta, promete a Neptuno que si lo salva de naufragar le ofrecerá en sacrificio la primera persona que vea al llegar a tierra, es salvado y al primero que ve es a su hijo Idamante...), la música y en general el ambiente. Aunque no tengo quejas de la obra, sí que he pensado que estaría bien volverla a ver en algún teatro europeo... quizás eché en falta todo el "glamour" asociado a un evento de este tipo cuando se celebra al otro lado del Atlántico...
Luego fuimos a cenar a un restaurante cercano, y debo reconocer que lo pasé muy muy bien. Dos horas cenando en plan tranquilo, y muy a gusto. Fue mi despedida particular de mi amigo. Se marcha en pocos días, y curiosamente, a pesar de que hace tiempo que lo conozco ya, creo que era la primera vez que salíamos los dos solos... No quiero extenderme mucho hablando de las despedidas (le dedicaré la próxima entrada), solo decir que las odio, las llevo fatal, y aunque obviamente no todas me afectan igual, esta es una de las que calan hondo.
Hoy, después de volver de la cena de despedida, me tumbo en la cama y decido que no voy a pensar más en ello esta noche (por lo menos lo voy a intentar).