lunes, 24 de mayo de 2010

Pisos y más pisos...

Sábado 22 de mayo. 5 de la madrugada. Suena el despertador de mi móvil y me falta un suspiro para cogerlo y tirarlo por la ventana. Entre sueños recuerdo que hoy tengo un día muuuuy largo por delante. Me visto con la ropa que la noche antes había dejado perfectamente colocada en una silla del salón (para no perder minutos de sueño decidiendo qué me pongo), me lavo la cara y los dientes y cojo el bolso que también había dejado listo el día de antes. En el ipod touch un mapa de New Haven, y en el netbook otro, por si las moscas. Cojo el metro, llego a la South Station y me compro un zumo de naranja mientras espero a las 6:40, hora de salida de mi tren a New Haven. El viaje se me hace muy corto, mitad dormida, mitad escuchando música. A las 9:20 de la mañana he llegado a mi destino, salgo de la estación y me dirijo andando (craso error) hasta mi primera cita del día para ver pisos. Había concertado varias visitas con diferentes personas, casi todas en East Rock, la zona más segura de New Haven y donde viven la mayoría de postdocs de Yale. Después de 40 minutos andando me doy cuenta de que aún me queda bastante para llegar al punto de encuentro con la señora de la agencia inmobiliaria. Me llama cuando es la hora acordada, le digo que voy en camino y no me pone pegas. Bueno, después de todo no ha empezado tan mal la mañana.

Cuando llego al edificio donde habíamos quedado, me encuentro con una señora de 83 años (yo a primera vista pensé que era mayor, pero ella misma me confirmó su edad…). Se me presenta como la agente con la que había hablado (yo con la boca abierta… “esta señora no se piensa jubilar????? Es legal que esta señora siga trabajando????”). Mientras pienso todo esto entramos en el edificio, un bloque de pisos con zonas comunes bastante regulares en cuanto a limpieza y cuidados. Tengo que ayudar a la señora a subir los escalones porque le cuesta. Llegamos al piso en cuestión, un primero. La descripción del anuncio (traducido literalmente: “Maravilloso apartamento de una habitación en edificio vigilado en East Rock. 975 dolares al mes con calefaccion y agua caliente incluidas. Apartamento amplio y bien iluminado, de suelos de parqué”) no hablaba de las zonas comunes, y en el preciso momento en que entro por la puerta del edificio entiendo por qué. Me dice la señora que en el apartamento vive una señora china con su hija y su nieta, que se van en julio y que no me fije en la disposición en la que tienen los muebles, sino que me limite a ver el espacio de la casa, porque la casa se alquila sin muebles. Llamamos a la puerta y nos abre una señora. Entramos en la casa. NO ME LO PUEDO CREER. 3 camas de matrimonio en el salón de la casa (que además tiene cocina americana), con una de ellas pegada a los fogones (que tenían una costra de suciedad de dos centímetros por lo menos), cristales de las ventanas rotos, láminas de parqué levantadas, y un olor a comida podrida casi insoportable. De momento aparecen 7 personas asiáticas (3 hombres, una chica de unos 30 años, dos niños pequeños y la señora que nos abrió), y en ese preciso momento le digo a la señora que me quiero ir de allí, que ya he visto el piso. La señora me dice que si no me gusta (¡¡¡¿¿??!!!!). Las siguientes frases no las oigo porque ya estoy en la puerta de salida de la casa.

La señora me pregunta que qué es lo que no me ha gustado del piso (“Señora, se lo tengo que explicar??????”). Le digo que no me ha gustado nada. Me dice que llamará al dueño del piso para denunciar que haya tanta gente en el apartamento porque no es legal. Me dice que tiene otros apartamentos muy buenos en otra calle cercada. Nos montamos en su coche (sí, la señora conduce…) y nos dirigimos a otra calle a ritmo de tortuga. En cierto momento llaman al movil de la señora, que como no ve muy bien se centra en mirar la pantalla del teléfono sin darse cuenta de que el coche se le va hacia la izquierda y viene un coche en sentido contrario (“Esto no me puede estar ocurriendo a mi….”). Le digo a la señora que viene un coche, el conductor nos pita, la señora se pone nerviosa y se le cae el móvil al suelo que sigue sonando y yo tengo que dar un volantazo para no comernos al 4x4… (“Definitivamente, estoy soñando”).

Paramos 5 minutos mas tarde delante de una casa victoriana muy grande. Nos bajamos del coche y la señora saca un montón de llaves de la guantera del coche. Entramos. (“Misma pinta de las zonas comunes, seguro que la casa es igual o peor”). Abrimos la puerta principal y veo que la casa está dividida en múltiples miniapartamentos. Llamamos a la puerta de uno del primer piso y nos abre una chica joven, de unos 25 años. La puerta de entrada de la casa está en el dormitorio, y la cocina y el cuarto de baño un poco más adelante. No tiene salón. La casa es bastante vieja, a pesar de que la señora la había descrito en el anuncio de forma muy diferente. Nos volvemos a ir de allí. Me dice que tiene 5 casas más de ese estilo en la misma calle. Veo con ella dos más y le digo que tengo que irme, que tengo otra cita (“Tengo que huir de esta señora como sea”). Me dice que me lleva en coche hasta su oficina, donde yo había quedado con otra agente de su misma inmobiliaria (tienen pisos diferentes) para enseñarme los apartamentos que ella tenía disponibles de las características que yo previamente le había dicho (lo mismo que había hecho con esta señora, pero parece que no me entendió bien). Me lleva a la oficina y la agente siguiente me lleva en coche a la misma zona (“Oooootra vez para aquí”). Me enseña un par de casas que no me gustan, pero habitables. Las guardo en mi mente por si es lo mejor que veo durante el día. Al volver a la oficina aún está la señora mayor allí, que se ofrece a llevarme en el coche donde había quedado con otro propietario (“Señora, déjeme tranquila!!!!!!”). Insiste tanto que tengo que meterme en el coche con ella (“Esto es una pesadilla… Quiero despertarme, quiero despertarme”). Por el camino me dice que me va a enseñar otro piso estupendo que tiene. Le imploro que no, que no llego a tiempo a mi otro compromiso. Finalmente me deja ir, no sin antes repetirme unas 10 veces que la llame la semana siguiente si no he encontrado nada para alquilar que me guste, que ella tiene las mejores casas en East Rock de todas las inmobiliarias…

Las demás visitas, todas a casas de particulares, no van del todo mal. Las casas me gustan más o menos, pero están limpias y cuidadas. Después de visitar varias, me quedo encantada con la penúltima que veo. Definitivamente me gusta el sitio, me gusta la disposición, me gusta el precio. Hablo con el dueño y parece que estamos en camino de llegar a un acuerdo.

Vuelvo a la estación de tren dando un paseo. Craso error again… una hora andando por calles solitarias (“Hombre, mira por dónde… justamente lo que me dijeron que no hiciera en este pueblo…”). Llego a la estación, consigo cambiar mi billete para volver antes a Boston y me monto en el tren. Respiro tranquila. Creo que he sobrevivido a la búsqueda de piso. 

Llego a casa, suelto el ordenador y me voy a cenar con una amiga. Parece que he vuelto a la vida real. Mañana será otro día.

1 comentario:

  1. Hermana, que cosas te pasan a ti jejejeje
    Te mando un privado con las fotos del piso donde nos mudamos Beni y yo en Julio.

    Que bien escribes joia!

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